Mitología Nórdica,
Idum y sus manzanas
Autora:
Fire Valkyrja ®

Quien no ha soñado
con permanecer siempre joven?
Dentro de la mitología nórdica, tenemos una diosa
que tenia el secreto de la juventad eterna: Idum. Y sus secreto
residia en unas manzanas maravillosas. Creo que mas de un lector
le tendrá mas simpatía a esta fruta a partir de este
momento! Vamos en búsqueda de esta diosa?
Idum, la personificación de la primavera
o de la juventud eterna, la cual, según algunos mitólogos,
no había tenido un nacimiento y nunca experimentaría
la muerte, fue cálidamente bienvenida por los dioses cuando
hizo acto de presencia en Asgard junto a Bragi, su esposo. Para
asegurarse su afecto, ella les prometió un bocado diario
de las maravillosas manzanas que llevaba en su estuche, y que tenían
el poder de otorgar la juventud y la belleza eterna a todos aquellos
que las saborearan.
Gracias a la fruta mágica, los dioses escandinavos, que,
ya que habían surgido de una mezcla de razas, no eran todos
inmortales, evitaron el paso del tiempo y la enfermedad por ellos,
y se mantuvieron enérgicos, hermosos y jóvenes durante
innumerables décadas. Consiguientemente, estas manzanas fueron
consideradas una posesión muy preciada, e Idum las atesoraba
cuidadosamente en su cofre mágico. No importaba el número
de ellas que extrajera, el mismo número quedaba siempre dentro
para ser distribuidas en el festín de los dioses, los únicos
a los que ella permitía que las saborearan, a pesar de que
enanos y gigantes estaban ansiosos por poseer la fruta.
La Historia de Thiassi
Un día, Odín, Hoenir y Loki emprendieron una de sus
habituales excursiones a la Tierra y, tras deambular durante un
largo período de tiempo, llegaron hasta una región
desierta, donde no pudieron encontrar un lugar para alojarse. Cansados
y muy hambrientos, los dioses, tras percibir una manada de bueyes,
mataron a uno de los animales y, encendiendo un fuego, se sentaron
al lado la hoguera para descansar durante un rato, mientras la carne
se cocinaba.
Para
su sorpresa, sin embargo, a pesar de las llamas, la carne permaneció
más bien cruda. Concluyendo que debía ser obra de
la magia, miraron a su alrededor para descubrir qué era lo
que dificultaba su cocción, cuando divisaron un águila
posada sobre un árbol que se encontraba encima de ellos.
Viendo que era objeto de la sospecha de los viajeros, el ave se
dirigió a ellos y admitió que había sido él
el que había evitado que el fuego hiciera su trabajo, pero
prometió retirar el hechizo si ellos le daban tanta comida
como pudiera devorar. Los dioses accedieron, tras lo cual el águila
descendió, avivando el fuego con el batir de sus enormes
alas y la carne se asó rápidamente. El águila
se dispuso entonces a llevarse tres cuartos del buey como porción
suya, lo cual le pareció demasiado a Loki, quien asió
una gran estaca que se encontraba a mano cerca de él y comenzó
a apalear al voraz pájaro, olvidando que estaba dotado de
poderes mágicos. Para su consternación, uno de los
extremos de la estaca se quedó adherido al lomo del águila
y el otro a sus manos, tras lo cual fue arrastrado sobre las piedras
y a través de las zarzas, a veces por los aires, con sus
brazos casi arrancados de sus hombros. En vano pidió clemencia
e imploró al águila para que le soltara; el ave siguió
volando, hasta que Loki prometió cualquier rescate que su
apresador pudiera pedirle a cambio de la libertad.
El aparente águila, que era el gigante de la tormenta Thiazi,
accedió finalmente a liberar a Loki con una condición.
Le hizo prometer por el más solemne juramento que sacaría
a Idum hasta el exterior de Asgard, para que Thiazi pudiera hacerse
con la posesión de ella y de su fruta mágica.
Finalmente liberado, Loki regresó con Odín y Hoenir,
a los cuales, sin embargo, se cuidó mucho de no confiarles
la condición con la que había obtenido su libertad.
Una vez de regreso en Asgard, comenzó un plan con el que
pudiera inducir a Idum a salir al exterior de la morada de los dioses.
Unos pocos días después, estando Bragi ausente en
uno de sus viajes de juglar, Loki buscó a Idum en las arboledas
de Brunnaker, donde ella había construido su residencia y
tras describirle astutamente las manzanas que crecían a corta
distancia, las cuales había declarado con mendacidad que
eran exactamente iguales a las de ella, la indujo a dejar Asgard
con un plato de cristal lleno de fruta, que pretendía comparar
a las que él había ensalzado. Sin embargo, tan pronto
salió Idum de Asgard, el embustero Loki la abandonó
y antes de que pudiera regresar al refugio de la morada celestial,
el gigante Thiazi descendió rápidamente desde el Norte
sobre sus alas de águila y, tras cogerla con sus crueles
garras, la transportó velozmente hasta su árido y
desolado hogar en Thrymheim.
Aislada de sus amados compañeros, Idum languideció
y se tornó triste y pálida, aunque siguió rehusando
persistentemente permitirle a Thiazi el más mínimo
bocado de su fruta mágica, la cual, como él bien sabía,
le daría la belleza y renovaría su juventud y su fuerza.
El tiempo pasó. Los dioses, pensando que Idum se encontraba
en compañía de su esposo y que pronto regresaría,
no prestaron atención al principio a su ausencia, pero poco
a poco fueron desapareciendo los efectos benéficos del último
banquete de manzanas. Comenzaron a notar el paso del tiempo y a
ver cómo su juventud y su belleza desaparecían. Consecuentemente
alarmados, comenzaron la búsqueda de la diosa desaparecida.
Investigaciones concluyentes revelaron que había sido vista
por última vez en compañía de Loki, y cuando
Odín le ordenó severamente que se explicara, se vio
obligado a admitir que la había entregado traicioneramente
al poder del gigante de la tormenta.
El Regreso de Idum
La actitud de los dioses se volvió muy amenazante y a
Loki le resultó obvio que si no ideaba los medios de recuperar
a la diosa, y pronto, su vida correría un considerable peligro.
Consecuentemente, aseguró a los indignados dioses que no
escatimaría esfuerzos para asegurar
la liberación de Idum y, tomando prestado el plumaje del
halcón de Freya, voló hasta Thrymheim, donde se encontró
a Idum sola, lamentando tristemente su exilio de Asgard y de su
amado Bragi. Transformando a la diosa en una nuez, según
algunas versiones o, según relatan otros, en una golondrina,
Loki la sostuvo fuertemente entre sus garras y entonces emprendió
rápidamente el camino de regreso a Asgard, esperando alcanzar
el refugio de sus altas murallas antes de que Thiazi regresara de
la excursión de pesca en los mares del Norte a la que se
había ido.
Mientras tanto, los dioses se habían congregado en las murallas
de la ciudad celestial y esperaban el regreso de Loki con mucha
más inquietud de la que habían sentido cuando Odín
había partido en busca de Odhroerir. Recordando el éxito
que había tenido su estratagema en aquella ocasión,
habían reunido grandes pilas de combustible, las cuales estaban
preparadas para ser prendidas en cualquier momento.
Vieron regresar a Loki repentinamente, pero divisaron en su estela
a una gran águila. Ésta era el gigante Thiazi, que
había regresado súbitamente a Thrymheim, descubriendo
que un halcón se había llevado a su prisionera, ave
en la que fácilmente reconoció a uno de los dioses.
Ataviándose rápidamente con sus plumas de águila,
se lanzó rápidamente en su persecución, alcanzando
poco a poco, pero con gran rapidez a su presa. Loki redobló
sus esfuerzos mientras se aproximaba a las murallas de Asgard y
antes de que Thiazi le diera alcance, alcanzó su meta y cayó
exhausto entre los dioses. No se perdió ni un solo momento
en prender fuego al combustible acumulado y cuando Thiazi pasaba
sobre las murallas, las llamas y el fuego le llevaron hasta el suelo
malherido y medio aturdido, presa fácil para los dioses,
que cayeron sobre él despiadadamente y le dieron muerte.
Los Ases se alegraron muchísimo por el rescate de Idum y
corrieron a comer de las preciadas manzanas que ella había
traído ilesas de regreso. Sintiendo que su acostumbrada fuerza
y belleza regresaban a cada bocado, declararon afablemente que no
era de extrañar que incluso los gigantes desearan probar
las manzanas de la eterna juventud. Por tanto, juraron que colocarían
los ojos de Thiazi en el cielo como una constelación, para
suavizar cualquier sentimiento de cólera que sus parientes
pudieran sentir cuando descubrieran que había caído
muerto.
Hacia arriba arrojo los ojos
del hijo de Allvadi,
dentro del cielo sereno:
ellos son las señales de las más grandes
de entre mis hazañas.
(Balada de Harbard)
La Diosa de la Primavera cae en el Inframundo
Ya que la desaparición de Idum (vegetación) era un
suceso anual, podemos esperar encontrar otros mitos que tratan acerca
del llamativo fenómeno y existe otro favorito de los escaldos,
el cual, desgraciadamente, ha llegado hasta nosotros en forma fragmentada
y muy incompleta. Según esta versión, Idum se encontraba
en una ocasión sentada sobre las ramas del fresno sagrado
Yggdrasil, cuando, desvaneciéndose súbitamente, aflojó
su agarre y se desplomó hacia el suelo que se encontraba
por debajo de ella, hasta las más infranqueables profundidades
del Niflheim. Allí yació, pálida e inmóvil,
contemplando con ojos fijos y llenos de terror las horribles vistas
del reino de Hel, estremeciéndose violentamente mientras
tanto, como alguien vencido por un frío penetrante.
Viendo que no regresaba, Odín ordenó a Bragi, a Heimdall
y a otros dioses que fueran en su búsqueda, entregándoles
una piel blanca de lobo con la que pudieran arroparla, para que
ella no sufriera el frío y pidiéndoles que emplearan
todos sus esfuerzos para despertarla del estupor que le habían
dicho que se había apoderado de ella.
Idum permitió pasivamente a los dioses que la arroparan con
la cálida piel de lobo, pero ella rehusó persistentemente
hablar o moverse, y de su extraño comportamiento sospechó
tristemente su marido que, ella había experimentado una visión
de grandes desgracias. Las lágrimas corrían continuamente
por sus pálidas mejillas y Bragi, abrumado por su tristeza,
pidió a los otros dioses que regresaran a Asgard sin él,
jurando que permanecería junto a su esposa hasta que ella
estuviera preparada para abandonar el lúgubre reino de Hel.
La visión de su dolor le oprimió tanto que no tuvo
corazón para sus habituales canciones alegres y las cuerdas
de su arpa permanecieron mudas mientras él continuaba en
el inframundo.
En este mito, la caída de Idum es simbólica de la
caída otoñal de las hojas, que yacen desamparadas
sobre el frío y raso suelo, hasta que la nieve las oculta
de la vista, representada por la piel de lobo, que Odín,
el cielo, envía para mantenerlas templadas, y el cese de
los cantos de los pájaros se representa posteriormente con
el silencio del arpa de Bragi.
Hasta la próxima!!
Wes Hæl og Verið allir blessaðar
Fire Valkyrja
Fuentes:
Mitología Universal, tomo 2, Juan Bergua, Ediciones Ibérica.
1990
Mitología Nórdica. Heinrch Nieder. Edicomunicaciones.
1997.
Los Vikingos. H. A. Guerber. M. E. Editores. 1995
Los Vikingos. Frédéric Durand. EUDEBA. 1967
Fire Valkyrja
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